La espera (o waiting for an answer…)

1332599032a95de0_lNo hay persona que se haya dedicado a la venta que no haya paso por este angustioso trance: ¿Se decidirán por mi propuesta? ¿Elegirán la de mi competencia? ¿He realizado algún planteamiento inadecuado? ¿Qué impacto y qué peso tendrán los diversos elementos de la oferta que he planteado en el resultado final? ¿Tardará mucho la cumunicación del resultado? (por acortar la agonía) …. y así sucesivamente hasta completar un cupo de doscientas preguntas sin respuesta.

Y pese a haber pasado por ese pequeño calvario un montón de veces y hacer relajación trascendental y zen, uno no está acostumbrado a ello, y – pese a todas las técnicas orientales, occidentales, meridionales y de otras latitudes – el sueño por las noches no se comporta como debiera y el pensamiento migra hacia las dimensiones en las cuales el éxito comercial le espera a uno para coronarle con los laureles del triunfo.

Pero recuerdo que, cuando me ofrecieron mi primer trabajo como profesional de las ventas lo hicieron (me enteré años después) porque consideraron que era muy resistente a la frustración. Y que al minuto de cosechar una negativa por parte de un cliente estaría dispuesto a atender al siguiente con mi mejor presencia de ánimo. Así debe ser, porque (como dicen) si una puerta se cierra, se abrirá una ventana. El carácter de una persona dedicada a esto ha de ser – y no se confunda con descerebrado o poco profundo – animoso y echado para adelante. Aunque la procesión vaya por dentro.

Mi pequeño saltamontes – dijo el maestro Kung Fu – tras la noche más oscura se eleva el sol mas radiante y el nuevo día seguro nos ofrecerá nuevas oportunidades. Y tu prisa no es la de tu Cliente, añadió a eso mi jefe. De forma que, querido lector, si te dedicas a este noble trabajo tómatelo con calma, respira hondo y confía en que has hecho bien tu trabajo (que seguro que lo has hecho). Si no tu Cliente, alguien (en la inmensidad de la Creación) apreciará tu valentía y tu saber hacer.

Entretanto, a esperar …

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El impacto del tiempo en la negociación

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reloj-de-arenaHola! Cuanto tiempo… no? Aquí vuelvo a estar. Espero que en el futuro podamos volver a encontrarnos tan a menudo como lo hicimos en el pasado (si bien la responsabilidad de no haberlo hecho es exclusivamente mía al tratarse éste de un medio cien por cien unidireccional).

Tiempo nuevo, nuevo aspecto (y espero que más cuidado). Lo primero que el avisado lector puede haber notado es que he decidido darle una nueva cara a este blog. Ya le hacía falta. Y es porque – como el título de la comunicación expresa – el tiempo tiene un impacto a veces devastador en las negociaciones (y por tanto en el proceso de venta). El repintado le da una cara nueva, pero en absoluto altera la finalidad ni el objetivo inicial, que se mantiene incólume.

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Renovarse

El tiempo pasa. Nuestro alrededor evoluciona y cambia. Las organizaciones, las personas y las relaciones entre ellas se transforman. Bruscamente como consecuencia de algun problema o imperceptiblemente en el día a día. De la misma forma que el paisaje lo puede transformar en un instante un terremoto, o la erosión producida por el plácido transcurrir de las aguas en el cauce de un río. Pero las cosas cambian. Y quien no quiera reconocerlo, estimo que está en un error o es un ingenuo.

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Pasado, presente y futuro

Cualquier ocasión es buena para reflexionar acerca de lo acontecido, el punto en el que nos encontramos y lo que ha de venir, pero un aniversario invita especialmente a hacer ese ejercicio. Porque es como un punto de inflexión en el que se nos invita a pensar en todo ello. Porque es una ocasión única de parar y ponerse a pensar. Porque en el ajetreo de la vida diaria es imposible hacerlo de una forma objetiva, ya que estamos inmersos en nuestras pequeñas miserias, en nuestras obsesiones cotidianas, en la presión y el estrés al que nos conducen las situaciones personales o profesionales. Es un ejercicio que recomiendo realizar de forma periódica, y acontecimientos especiales como el de hoy brindan especial ocasión. Y esta es mi situación para el día de hoy:

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Análisis de situación

El próximo 12 de Octubre se cumplirá el segundo aniversario de la creación de este blog. Y pese a que estimo que ha cubierto mínimamente el objetivo que me propuse al inaugurarlo, no está de más que venticuatro meses después (si fueran años estaríamos a las puertas de celebrar unas bodas de plata) me plantee hacer un balance de los resultados. Y – visto que soy así de original – no se me ha ocurrido otra cosa que –  con la finalidad de realizar este estudio de las relaciones interpersonales cliente/proveedor – emplear una herramienta típica de la gestión empresarial con la que casi todos nosotros estamos familiarizados: El análisis de Fortalezas/Debilidades/Oportunidades y Amenazas que en inglés llaman SWOT (quienes no la conozcan disponen de información en la Wikipedia o de un excelente modelo de análisis online aquí).

Realmente, al llegar a un determinado grado de madurez, las relaciones interpersonales/interempresariales se estabilizan. Y ello ocurre tras una época en la que, pese a que pueda registrarse una tendencia ascendente, no dejan de registrarse altos y bajos. No olvidemos que todos – personas y entes – somos distintos, profesamos nuestro propio credo, actuamos según nuestros propios impulsos y nos movemos en función de nuestros propios (y únicos) intereses. Pese a todo, eso no nos condiciona hasta el punto en el que nos incapacite a colaborar para conseguir finalidades que aprovechen a todas las partes. En el pasado he elaborado listas de diferencias y coincidencias (algunas extensas) para lograr convencer objetivamente a la otra parte de que eso era posible. Pero finalmente he desistido. Me ha parecido claro y meridiano de que no es un problema de lo que uno es, sino de lo que uno está dispuesto a hacer. Más un asunto de voluntad que de funcionamiento.

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Cuarenta y diez

Permitidme hoy que me vaya por las ramas y que abandone momentáneamente las reflexiones más o menos relacionadas con la vida profesional. Hoy es para mí un dia especial, de celebración, en el cual – dentro de mi y a mi alrededor – se unirán sensaciones y sentimientos diversos y en muchas ocasiones contrapuestos. Un día en el que pensar cómo he llegado hasta aquí y en el cual quisiera tener la suficiente claridad como para – mínimamente – proyectarme en el futuro. Permitidme que intente generalizar, que me ponga en vuestra piel y me atribuya vuestros pensamientos, cavilaciones, deseos y esperanzas. Que me convierta en cada uno de vosotros por un instante para poder – juntos – examinar el paso del tiempo por nuestras vidas y lo que ello significa.

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Atravesar el desierto

Este fin de semana he sido duramente recriminado por no escribir desde el año de catapún. Y abriendo el blog he de reconocer que es así, y que desde el pasado mes de mayo no he logrado dedicar el tiempo suficiente a meditar y a escribir mis sentimientos, mis sensaciones y lo que pienso y opino de todas y cada una de las cosas que me rodean, tanto desde el punto de vista profesional como desde el personal.

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Fé en el futuro

Sentado ante el ordenador y listo para escribir un nuevo post – no lo he hecho desde noviembre y realmente estoy apenado por ello – no he sabido exactamente qué título poner a mi nueva comunicación, ya que lo que quiero aquí expresar es algo muy complejo, en lo que se mezclan sentimientos, voluntades y hechos. Intentaré – y no sé hasta que punto lo voy a lograr – describir hasta qué punto la fé en uno mismo puede marcar nuestro propio futuro. Y no solo eso, sino hasta qué punto nos podemos sentir apoyados para recorrer ese camino. Porque en muchas ocasiones la propia seguridad nace en la fuerza de voluntad y en el empujón que podemos recibir por parte de otras voluntades. Y quiero con ello rendir homenaje a quienes son capaces de sobrevivir en el actual mundo caótico y desesperante, y también a aquellos que han sido capaces de emplear su talento en apoyar a otros. Y viene a cuento todo ello de mi propia experiencia y de las vivencias de personas muy próximas a mi.

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Aprender … de lo bueno y de lo malo

Siempre he pensado que quien no es capaz de aprender será incapaz de mejorar. Y os aseguro que me estoy demostrando a mi mismo que soy un auténtico experto en ello. Aprender es independiente de la edad, la condición, la capacidad intelectual y de cualquier otro factor que os podais imaginar. Es, únicamente, en mi humilde opinión, cuestión de actitud y de voluntad. De actitud ante la vida, ante los demás y ante uno mismo y de voluntad de transformar las experiencias en parte del bagaje vital de cada uno, de rectificar modos de pensar o de corregir formas de actuación. Quien no aprende de sus errores está condenado a repetirlos, y eso – como nos está demostrando la historia – es una política muy errónea.

Y el aprendizaje no se circunscribe únicamente al ámbito del intelecto. No se trata de acumular conocimientos ni de educar las capacidades de razonamiento. Porque en las escuelas no enseñan cosas tan importantes como educar los sentimientos, potenciar las habilidades de cada uno o ser capaces de expresar nuestras emociones de una forma adecuada, sin dramatizarlas (en un extremo) pero proporcionando a esa manifestación la importancia que en la relación entre personas puede necesitar.

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En la mejora continua está el gusto

Después de las vacaciones y de un buen tiempo de no escribir, lo cierto es que me encuentro ciertamente espeso y no estoy seguro de resultar suficientemente bueno para abordar el tema que hoy quisiera tratar. El objeto de discusión me fué propuesto durante los días de asueto y – por el reto que significa para mí – no quiero dejar de explorarlo, aún a riesgo de no acertar y/o de resultar aburrido para los (pocos) lectores de esta modesta página.

La reflexión parte de la siguiente premisa: Cualquier relacion (contractual o no) que se estanque y se limite al estricto cumplimiento de los pactos, tiende a paralizarse y, al no enriquecer a las partes, lo mas probable es que se extinga. La consecuencia es que es necesario aportar nuevos ingredientes que aseguren la mejora de los niveles relacionales mejorando de esta forma las percepciones y la aportación que todas las partes puedan tener de las prestaciones comunes. Todo vale mientras permita incrementar y mejorar los niveles de compromiso mutuos.

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